Él. El de ojos impenetrables, fríos, aparentemente vacíos. El
que se acerca a mi cuerpo, pero nunca está lo suficientemente cerca. El que con
las yemas de sus dedos juega en mis caderas, dibujando mis curvas. Es todo tan
perfecto. El problema es que dueles, pero de una manera tan dulce que, se hace
imposible no pedirle a los sueños que te quiten la ropa y conviertan en besos
todos mis intentos de morderte la boca.
¿Pero sabes una cosa? Quiero acariciar cada centímetro de ti
aunque duela, aunque me abrase. Quiero sentir tu boca pegada a mi cuello y tus
jadeos entrecortados. Quiero que me busques como yo lo hago. Búscame entre tus
sábanas, tal vez allí me encuentres. Quiero que tus manos estén en el lugar justo en
el momento mas inapropiado. Y no quiero ser solo otro número más de tu lista
infinita.
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